La espalda suele ser una de las partes más propensas de nuestro cuerpo a sufrir lesiones o molestias. Y más en concreto la zona lumbar. Normalmente definimos como lumbalgia todo dolor proveniente de esta zona sin tener en cuenta el origen del dolor, el motivo o la localización exacta.
Los motivos de una dolencia lumbar pueden ser varias. Tanto en nuestro día a día como en nuestra actividad deportiva, si no trabajamos correctamente, nos podemos estar causando un problema que, tarde o temprano se hará más que evidente:
* Agacharse o levantar pesos incorrectamente.
* Tener una vida o trabajo muy estresante.
* Dormir con un colchón viejo o de mala calidad.
* Andar encorvado.
* Dormir sin almohada o en su defecto con una almohada que no se ajusta a nuestro cuerpo.
* Sentarnos con malas posturas.
* No tener bien trabajada la zona paravertebral.
* Correr con unas zapatillas no adecuadas para el running.
* Correr con unas plantillas deficientes.
* Obesidad por culpa de comer mal.
* Correr con una técnica deficiente.
* Correr en superficies muy duras…
Estas son algunas de las causas que, juntas o por separado, nos pueden llegar a producir alguna dolencia lumbar.
Pero centrémonos en un runner. Muchos de ellos se quejan precisamente de la zona lumbar cuando corren. Dejemos de banda por un momento aspectos más propios de la higiene postural (sentarse bien, agacharse correctamente, dormir con un buen colchón,…).
Cuando corremos, impactamos. Damos unos pequeños saltitos y estos saltos se traducen en vibraciones que se trasladan a nuestro cuerpo (pie, tobillo, pierna, espalda…). Y normalmente estas vibraciones tienen su final en la espalda y más concretamente en la zona lumbar. En disciplinas como la bici no nos encontramos con este problema puesto que no existe el impacto (aunque sí que es verdad que la posición encima de la bici nos puede producir también problemas en la espalda).
No debemos caer en el error de analizar nuestro cuerpo de una forma aislada. Podemos tener un problema en la espalda pero seguramente incidiendo en otras partes de nuestro organismo podremos ayudar a dicha zona.
Una pared abdominal tonificada es necesaria para mantener una buena postura al correr, evitando problemas en la zona lumbar. Y aquí ya podemos tener una pequeña pista de porque nos duele la espalda al correr. La zona lumbar ya de por sí la tenemos más trabajada que no la zona abdominal. Y si encima lo que hacemos es correr (cargamos aún más la zona baja de la espalda), pues aumentamos el riesgo de lesión. Una vez he terminado de correr, mi espalda está sobrecargada. Entonces, ¿Cómo puedo ayudar a destensar esta zona? Pues trabajando su músculo antagonista: las abdominales.
Cuando hago abdominales (o sea contraigo sus músculos), estoy relajando la musculatura lumbar.
Jugadores de voleibol o atletas saltadores, después de un partido o entrenamiento realizan varias series de abdominales. Después de estar varios minutos u horas saltando de una forma intensa tienen la zona baja de la espalda muy cargada, así que la destensan haciendo abdominales (y estirando).
Así pues, recomendamos después de hacer nuestro entreno de carrera realizar 3-4 series de abdominales de unas 15 repeticiones. Por un lado destensamos la zona lumbar y por otra ganaremos estabilidad cosa que nos permitirá gozar de mejor técnica para correr.
A la par, si juntamente con las abdominales hacemos otras 3-4 series de flexiones, habremos hecho un trabajo más equilibrado. Si sólo corremos, trabajamos el tren inferior y muchas veces nos olvidamos del superior. Un tren superior bien trabajado nos ayuda a hacer más eficaces los movimientos de inspiración y expiración en la carrera.
Estas flexiones y abdominales, juntamente con unos buenos estiramientos (indispensables), de piernas y espalda los podríamos considerar como el entrenamiento oculto.
Son pequeñas cosas que nos ayudarán a mejorar en nuestra disciplina y a gozar de mejor salud.