La columna lumbar está protegida por diversos músculos que la rodean y velan por su integridad. Entre ellos, los multífidos, el erector espinal, el cuadrado lumbar y el psoas desempeñan un papel importante en el movimiento y la estabilidad de la columna lumbar.  Si observamos la imagen, podemos apreciar como estos músculos se sitúan alrededor de la columna lumbar asegurando su protección. Por tanto, cualquier alteración de la adecuada función de estos músculos podría conducir a la aparición de dolor de espalda. Hoy nos queremos centrar en uno de ellos: el psoas.

psoas y músculos estabilizadores lumbares
En este corte transversal realizado mediante resonancia magnética puede observarse la disposición de los músculos alrededor de la vértebra. De esta forma se comprende mejor el papel protector de dicha musculatura sobre la columna.

El músculo psoas y su relación con el dolor lumbar

El músculo psoas, por su anatomía única, está capacitado funcionalmente para ser tanto un flexor de la cadera como un estabilizador de columna activo. Por  lo que su acción será crucial para proteger la columna lumbar y movilizar las extremidades inferiores.

Algunos autores han propuesto que un estilo de vida sedentario conlleva una atrofia y compromete la función muscular que termina provocando el dolor lumbar. A su vez, el dolor lumbar seguirá promoviendo la inactividad y la evitación de movimientos creando así un círculo vicioso entre la inactividad, la atrofia y el dolor.

Se ha observado mediante técnicas de imagen cambios morfológicos a nivel muscular que indican atrofia muscular en personas con dolor lumbar crónico. La reducciones del tamaño de la sección transversal del músculo, los cambios en el tipo de fibras musculares y los incrementos de la grasa intramuscular se han asociado con la incapacidad del músculo para generar fuerza y cumplir adecuadamente su función. Más concretamente se ha observado una asociación entre la fuerza del psoas y el dolor lumbar. Es decir, en aquellas personas con dolor lumbar el psoas era significativamente más débil que en aquellos sin dolor.

Sin embargo, igual que algunos estudios han encontrado disminuciones de la sección transversal del músculo (signo de atrofia) en personas con dolor lumbar crónico,  otros han encontrado justo lo contrario (signos de hipertrofia). Incluso algunas investigaciones han observado alguno de estos cambios de forma asimétrica (sólo en uno de los dos lados). Esto nos indica que cada persona puede utilizar diferentes estrategias de adaptación al dolor. Esas diferentes estrategias provocarán la mayor o menor utilización de determinados músculos cuando se mantiene una postura determinada o se realiza un movimiento.

¿Estirar el psoas o fortalecerlo?

En resumen, lo que nos muestran estos resultados en conjunto es que, indistintamente de si el músculo Psoas está atrofiado o hipertrofiado la alteración y el desequilibrio muscular que se producen pueden conducir a la inestabilidad de la columna vertebral y a la aparición del dolor.

Por tanto, es necesario evaluar el estado muscular del paciente antes de aplicar un programa de tratamiento efectivo. A partir de ahí, algunos pacientes se beneficiarán de aquellas técnicas enfocadas a reducir la actividad del músculo (como estirar el psoas, manipulación, tratamiento de puntos gatillo…) mientras que en otros será apropiado fortalecer esta musculatura.

En definitiva estirar el psoas no siempre es efectivo en el tratamiento del dolor lumbar. El entrenamiento muscular enfocado a la activación de está musculatura será clave en el enfoque clínico de ciertos subgrupos de personas con dolor lumbar crónico. De hecho se ha demostrados que la realización de ejercicios específicos de fortalecimiento son efectivos para disminuir el dolor y mejorar la estabilidad de la columna vertebral.


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